Metamorfosis · 11.11.04 por Roger Colom
Antes era un palillo.
Un mondadientes común y corriente.
Ahora soy un insecto palo.
Me he transformado
y me gusta gritarlo por la mañana
justo antes del desayuno
y justo después de ¿qué?
Después, con el rocío, me baño.
Y no es fácil cuando uno es un insecto palo.
Hay que secarse enseguida
no sea que la madera de la que uno está hecho
se expanda o se cuartee
se dañe irremediablemente para siempre.
Un insecto palo minusválido, incapaz de camuflarse
sería presa fácil para cualquier pájaro con hambre
o crías que alimentar.
El problema es que en la naturaleza no hay toallas:
al contrario, las cosas en la naturaleza
tienden a la impermeabilidad.
He intentado sacudirme el agua de encima como un perro
pero temo descoyuntarme.
Es una virtud la delgadez en un insecto palo.
Un insecto palo gordo resulta… ¿contradictorio?
¿Qué tal si decido transformarme de nuevo?
Podría pasar a ser una brizna de hierba.
Alimentar a las ovejas con mi persona
dejarme digerir y por fin
salir por el otro lado y abonar la tierra.
Podría formar parte del nacimiento de un gran árbol.
Un roble, por ejemplo.
¿Qué tal eso de pasar de mondadientes a insecto
a brizna a bolita de mierda a roble?
Bueno, si lo que quiero es convertirme en roble
podría empezar como semilla o bellota
pero entonces vendría algún cerdo
y yo acabaría volviendo a la tierra.
El camino es distinto, el resultado es el mismo.
Y ser brizna parece más alegre que ser bellota:
el rocío te moja, eres impermeable, te secas al sol
te mece el viento, la oveja te come…
Creo que me quedaré en insecto palo.
Sólo tengo que encontrar algo con que secarme.

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